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  • CONTRA LA VIOLENCIA MACHISTA: 25 DE NOVIEMBRE

DÍA DE LA JOVEN COMBATIENTE

Publicado por ideassingenero el marzo 29, 2013
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mujeres
Araceli Romo, asesinada en 1988 en el Cerro Mariposa. Norma Vergara fue muerta en una emboscada de la DIPOLCAR en 1993. A Claudia López la matan en La Pincoya en 1998 con un balazo en la espalda.

Tatiana Navarro, Gabriela Castillo, también fueron asesinadas por los pacos en 1993. Ellas fueron acribilladas por sus balas, pues se encontraban en la micro a donde los pacos se subieron siguiendo a cuatro lautaristas.

Ellas viven entre nosotras. Viven en la valentía estudiantil que enfrenta el acoso sexual y la violencia de los pacos; Viven en la sabiduría y fuerza de la mujer mapuche que enfrenta a diario la violencia terrorista estatal. Viven en la mujer que rechaza la violencia. Viven en la belleza rebelde de las lesbianas que luchan.

29 de marzo 2013, Día de La Joven Combatiente.

Sobre La Otra Marcha Lesbofeminista

Publicado por ideassingenero el marzo 28, 2013
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la otra marcha

30 de marzo nuevas organizaciones disidentes convocan a “La Otra Marcha”. La denuncia que proponen es necesaria. No obstante, y sin afán de propiedad, ponemos en juego nuestra memoria  para apoyar, entre otros: mejores análisis de la realidad y la valoración de la lucha lesbofeminista nacional, pues que quede claro La Otra Marcha es historia iniciada por lesbianas feministas de la década del 2000.

En el año 2003 se evidencian nuevamente en público las tensiones entre movimiento LTGBI y movimiento de lesbianas. Ese año el eslogan de la Marcha del Orgullo- como hoy se conoce- liderada por MUMS aludía a las fiestas patrias (“La patria Gay”). Esa noción fue cuestionada por las lesbianas ¡y cómo no! si daba cuenta de la naturalización que operaba en la lógica gay respecto de sus alcances. Mencionamos esto, pues de una u otra manera, la escasez de lesbianas en los grupos LTGBI gesta que aquellas que existían despertaran sus estados de alerta respecto de una sexualidad homosexual femenina/masculina que no era neutra. Cabe agregar que este eslogan sólo reanudaba el cuestionamiento al nombre de este acto público que desde el 2000 hasta el 2004 (más menos, si no falla la memoria) se llamó “Marcha del Orgullo Gay”. (La historia del cambio de nombre tb se involucró con la actuancia lesbiana. No lo tocaremos acá)

En el año 2004 la siguiente marcha se vio enfrentada al proceso de constitución de la Coordinadora Gay Lésbica Trans Nacional. Negociaciones no muy claras, afanes político partidistas, en donde la visibilidad lesbiana (los temas que se asocian a dicha visibilidad) no eran tema, impulsan el cuestionamiento lésbico no sólo del aquel que se enunciaba como feminista. En ese instante Traves Chile organizada a nivel nacional levantaba la voz travesti que pugnó y logró incorporarse en ese espacio de poder. En ese contexto, activistas lesbianas LTGBI tensionarían la organización de la marcha, pues exponían con claridad el por qué no marcharían con sus conglomerados aquel año. Cabe hacer la salvedad que sus planteamientos no podían ser significativos para transformar el pensamiento cultural de la comunidad(las razones las hemos comentado de diversas formas en nuestro FB https://www.facebook.com/ideassingenero.isig . La subrepresentación era una variable fundamental)

Se conforma así una articulación de lesbianas que contaría con la unión de otras organizaciones además: Trabajos y Estudios Lésbicos/Salón de las Preciosas, Lesbianas MUMS, Coordinadora Universitaria por la Diversidad Sexual (Así se llamaba en ese tiempo) y activistas de izquierda del PC a través del Sindicato Luis Gauthier que marcarían distancia ideológica de la Marcha Oficial liderada por gays de organizaciones. Cabe decir que la orga que lideraba esa marcha era MUMS, con la participación de ACCION GAY, que en las siguientes versiones sería su socio y una casi decena de otras organizaciones que se entrecruzaban en la Coordinadora GLT Nacional, aunque la L en lo concreto no existía. 

En el año 2005 y siempre desde una perspectiva crítica el Bloque Lésbico consolidaría la convocatoria a realizar La Otra Marcha. Marcha que se ubicaba al final de la Gran Marcha gestando una crítica localizada a la Marcha del Orgullo y sus propuestas excesivamente legalistas que dejaban sin cuestionar -nosotras lo asumimos así en este escrito- las estructuras de la opresión. Su sentido festivo también estuvo al centro de las denuncias, bajo ese contexto aún más famoso se hizo el grito: “Nada que celebrar ¡Mucho que protestar!…”

A La Otra Marcha adherían otras organizaciones que no necesariamente se definían como lesbofeministas. En el año 2006 se realiza probablemente La Otra Marcha más recordada, en tanto las lesbianas del Bloque Lésbico irían con sus bocas tapadas en forma de protesta. (Ese año en particular fue intenso para las lesbianas por el trabajo desarrollado en torno a la Ley Antidiscriminatoria, por la organización del Encuentro Lesbofeminista que se desarrollaría en el 2007, entre otros)

Después del Encuentro Lesbofeminista  tensiones internas gestaron el desgaste de la complicidad articulada entre las lesbianas de diferentes colectivas. La Otra Marcha se realiza en el año 2008 por última vez. La reedición de esta estrategia en el año 2012 de modo muy somero hizo alusión a esta historia. En el 2013 ni siquiera se menciona. De lo que escribimos- enfatizamos- que existen datos que nos permiten iniciar diversos cuestionamientos. Nosotras al menos estamos preocupadas de que el presente sólo se focalice en la actuancia de dos grupos, mientras otrs pasan piola.

Construyamos historia con memoria, es lo mínimo.

Probablemente esta historia que escribimos, posea varios defectos, sea particular y limitada para el proceso político implicado,  sin embargo, es mejor que el silencio. Los procesos críticos que pueden despertarse a través de esta limitada descripción son la apuesta que movilizamos en estas líneas.

Fanzine “Dramas Pobres” de Claudia Rodríguez

Publicado por ideassingenero el enero 31, 2013
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LOKATRAVESTITERTULIA“Dramas Pobres” es el trabajo literario de la activista travesti feminista Claudia Rodríguez.
La simpleza y crudeza narrativa de “Dramas Pobres” moviliza -es su sentido político- la reflexión permanente sobre el poder masculino y sus impactos en la sexualidad, en el género y en la clase travesti.
“Dramas Pobres” es un trabajo emblemático y único en Chile. Producto de la lucha política de Claudia Rodríguez, da inicio a un proceso de reconocimiento cultural de la escritura travesti. Lo indicado es profundamente significativo, en tanto y a modo de ejemplo, en la región metropolitana el 75% de las personas travestis no culmina su educación secundaria y el 45% no finaliza siquiera su enseñanza primaria.
Lo señalado explica el vacío existente respecto de la cultura travesti, a la vez que ubica esta producción literaria en un lugar marginal y alternativo. Desde allí -asida a la tradición feminista- confronta la cultura, denunciando al sistema de opresión patriarcal en cada página, en cada línea.
“Dramas Pobres” se alza como una estrategia política implicada con un proceso de legitimación que alude de manera permanente a la relación entre la política, lo político y la vida; nuestras vidas.
Lanzamiento FANZINE “DRAMAS POBRES”. Sábado 02 de febrero 20 hrs en Chancho Seis,Huérfanos 3025.
Acción Autogestiva
Presentan: Eugenia Prado, Juan Pablo Sutherland
Teatro y Dramaturgia: Jenny Medrano, Iván Smirnow, Cristian Condemarzo, Claudia Rodríguez.
Organiza: Ideas sin Género.
Entrada: $1000

Sobre el Quiénes Somos que construimos.

Publicado por ideassingenero el enero 19, 2013
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ISIG

Las Ideas sin Género son en mucho una colectiva que alimenta, promueve y apaña la autogestión. Nosotras ponemos a disposición  nuestras competencias pa’ colaborar gratuitamente en la construcción de material de trabajo diverso, desarrollo de investigaciones, elaboración de informes. Además autogestionamos nuestros talleres según las peticiones que nos formulen.

La autogestión es un proceso de administración autónoma de nuestros cariños. Una de las cosas bellas que nos otorga es descubrir que hay personas capaces de hacer cosas por otras sin que medie ganancia funcional. En ese espacio -que está fuera de la lógica del sentido común- ampliamos nuestras redes cooperativas, alimentamos la imaginación subcultural, aprendemos a amarnos más y mejor.

La autogestión pa’ nosotras se ha convertido es una manifestación de amor. Sin amor por la otra -no del amor normalizado- no hay transformación. Creemos en que la falta de cariño de todo tipo es la causa de diversos desastres socio económicos, ambientales. La indolencia frente a los conflictos por raza, género, clase son producto de una política de desamor que se implementó en etapa colonial. Esta inventó nuestro continente basado en un modelo con perspectiva de desamor asido a la instalación conjunta del sistema sexo/género, en la construcción de la raza, en la implementación del mercado mundial capitalista.

Lo anterior incide en la naturalización de la violencia, en que muchos caminos transformadores se entrampen en la mitad y otros que no lo son, lo parezcan. Implica  el menoscabo de la Otra,  el silencio -metodología del silencio- frente al conflicto y en la imposibilidad de democratizar los espacios en los que este emerge. De allí que creamos en que la autogestión -aparte de intentar construir un mundo alternativo al que hoy nos propone el poder hegemónico- no debe confundirse y pensar que la red de cariños debe estar en la misma sintonía. Por el contrario nuestra administración autónoma enfatiza conflictuarnos profundamente.

En este camino nuestra colaboración gratuita tampoco se lanza a cualquiera. Tampoco es que no demos puntada con hilo.  Lo señalado lo desarrollamos, evaluando que aquello que apoyamos, que aquello en lo que colaboramos u organizamos en plenitud abrigue pensamientos que aporten a la transformación y que impliquen nuestra propia transformación.

Vale decir que somos una colectiva con algunas que están más presentes. Otras son parte de nuestras redes de cariños que se levantan en apoyo cuando así se los hemos solicitado. Eso es impagable. Así también no sólo colaboramos con nuestros propios cariños, sino también, con espacias con las cuales no hemos tenido contacto político o con otras a las cuales confrontamos o/nos confrontan respecto de su/nuestra observación de la realidad.

Nuestro interés fundamental son las “lesbianas”. Esta identidad y sus diversas expresiones, su propia inestabilidad aplica a nuestro Quiénes Somos. Nuestro Quiénes Somos lo construimos a diario. Nos desvinculamos -al menos intentamos- de escribir la historia en el marco de lo lineal. Lo que sí, hay harto recorrido, hay temáticas asociadas que nos interesan más como la educación,  pensar la clase la raza el género entrecruzadamente, en fin. También somos ebrias. Como decía un poeta simbolista nos embriagamos de lo que nos plazca: de vino, de poesía o de virtud…Verdaderamente de lo que nos plazca…

LESBIANAS APOYAMOS A NACIÓN MAPUCHE

Publicado por ideassingenero el enero 7, 2013
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Tomamos diarios, cortamos sílabas, palabras de distintos tamaños y colores y las afirmaciones se fueron armando solas.

Con una botella pequeña de engrudo y una brocha también pequeña -acordes a los tamaños de nuestras pancartas- pegamos nuestros titulares en varias micros (se nos olvidan los nombres rimbombantes de las que llevan al metro) y por varios muros pobladores.

Podemos parecer ingenuas, pero es la forma que encontramos pa`romper la complicidad con el silencio. Es una forma -entre muchas- de disputar el sentido a la realidad dominante, sobre todo en la pobla, azotada por miles de estrategias que arrebatan la posibilidad de constituir identidad. Esta, entendida como primer eslabón de autoconciencia transformadora

Algunos de nuestros escritos fueron:

Raza TortilleraMapuche: Mapuche NO es terrorista; Crecimiento Violencia de Estado; Tendencia Santiago: Sube Apoyo a Mapuche; Jóvenes y Familia conversan: Mapuche no es terrorista; No hay medidas democráticas en Araucanía; Mujeres, Niñas,Ancianas mapuche heridas x violencia estatal; Conflicto Mapuche: Información falsa; Piñera: Turismo de Guerra en Tierra Mapuche; Muertes Mapuche: Asesinos están libres; Pensamiento Global:Mapuche NO es terrorista; Lesbianas denuncian Violencia Mapuche

Algunos escritos denuncian. Otros arman una realidad inexistente como “Tendencia Santiago: Sube apoyo Mapuche”. Quizás estas junto a otras acciones -viralizadas por la ciudad- algún día le transformen en realidad.

Seminario “Mujeres” en el Movimiento Social.

Publicado por ideassingenero el noviembre 8, 2012
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Toli Hernández

Este texto fue leído en el Seminario “Mujeres” en el Movimiento Social, organizado por la Red Chilena contra la Violencia. Pronto aparecerá en una compilación de ese trabajo que esta organización realizará. Agradecemos la invitación.

Ideas sin Género[1]

 

Inicio esta intervención con un ejercicio que por lo general realizamos en los talleres u otras presentaciones de Ideas sin Género. Esto, porque creo que potencia la comprensión de las reflexiones que desarrollamos en nuestro grupo y que son las que dirigen los sentidos que compartiré con ustedes en este Seminario.

Imaginen a una persona homosexual.  ¿Cómo es? ¿Qué ropa usa? ¿Qué hace?

Respondan ahora:

¿Quiénes se lo imaginaron pobre? ¿Quiénes de ustedes se lo imaginaron indígena?, ¿Quiénes imaginaron a una lesbiana?

Por lo general ocurre que cuando realizamos este ejercicio la imagen que las personas recuperan se vincula a un sujeto gay burgués, blanco, occidental. Esta imagen constituye al sujeto hegemónico de la diversidad sexual. Esto nos informa sobre la selección cultural de la imagen que ilumina la reproducción de la importancia de la masculinidad hegemónica y su relación con la clase, la raza, el género.

Recorrer la muerte de Daniel Zamudio sostiene lo indicado, pues nos permite advertir el interés por hacer concordar su imagen con las características que son valoradas por la cultura. Así yo misma escribí para el portal web Mansa Guman[2]:

“Daniel posee un carácter de ángel –no son pocos los favores que se le solicitan–, que es la síntesis de un proceso de limpieza a full que borró a “la loca” , a la que se vestía de Britney Spears mientras soñaba con ser modelo. Al Dani se le vistió con características que son valoradas por la cultura pa’ generar una mejor negociación con los imaginarios simbólicos dominantes. Así “el recorrido político y periodístico relevaban más sus ganas de surgir en la vida, de ser padre, de ser un buen trabajador (¡si hasta el jefe lo quería!) En fin, coherencias con las cualidades que el sistema valora”

 Lo indicado informa sobre cómo se afirma una identidad subordinada –que en el caso de Daniel expresa explícitamente opresión por género (era gay) y clase (era pobre) al alero de una identidad dominante. Cabe preguntarse ¿Qué se transforma de este modo?

Que la selección de la imagen del sujeto de la diversidad sexual invoque mayoritariamente a un gay con determinadas características alude a prácticas que han ocultado otras voces. Esto implica conflictos que han detonado la escisión permanente de lesbianas de estos grupos en Latinoamérica (Mogrovejo, 2002; Belucci, Rapisardi, 2006). Enfatizo que dicha dinámica ha gestado la subrepresentación de la voz lesbiana en las políticas de la diversidad sexual, lo que ha tenido consecuencias directas en la noción de ciudadanía que se moviliza en la escena nacional.

Vale puntualizar que homologo la noción de diversidad sexual al movimiento LTGBI. Bajo lo indicado planteo que el pluralismo de sus discursos se ve inhibido, pues emerge la tensión entre las demandas que éste moviliza y a quienes dice representar. De esta forma la subrepresentación de la voz lesbiana -en un marco de correlación de fuerzas- gesta que sean las demandas de gays las que son movilizadas.

Una principal tensión de la noción de ciudadanía es la expresión del pluralismo. De esto dos cosas me preocupan. La primera es que en el marco LTGBI se esté facilitando- siguiendo lo indicado sobre Zamudio- que el sujeto político sea construido en clave hétero, por no problematizar la obligatoriedad heterosexual. La segunda preocupación vinculada a la primera es que en el marco de sus procesos de incidencia política se instalen demandas que apoyan la preservación de un modelo al cual no se le disputan –siguiendo a Nancy Fraser (1997)- los sistemas de representación, de interpretación y de comunicación, dejando las relaciones de dominación en el mismo lugar.

Lo señalado surge desde la obstrucción del pluralismo radical, ese que busca en la raíz las causas de la exclusión. De este modo expongo que la mayoría, sino todas las demandas de la diversidad sexual, se ocupan más bien de las consecuencias que provoca la injusticia, dejando intactas las estructuras que la sostienen. Así, a modo de ejemplo, puedo demandar casarme y lograrlo, puedo lograr una legítima –y agrego necesaria para este modelo- identidad de género y establecer coherencia entre mi nombre social y mi sexo biológico, pero ni en la primera  que asume un estamento de la heterosexualidad obligatoria, ni en la segunda que preserva representaciones asociadas al dimorfismo sexual que sustenta la heterosexualidad, se cuestiona su carácter de institución. Este escenario nos demanda –enfatizo- visualizar los límites de las construcciones políticas que realizamos. Implica, vale resaltar, su imbricación con otras variables de opresión.

Lo indicado –es importante decirlo- no sólo atañe a lesbianas. En tiempos de convergencia, de convocatorias a Asambleas de todo tipo  me parece que son temas de total relevancia. Si no analizamos las formas en que superamos la reproducción de los imaginarios simbólicos nos encontramos con algunos posibles escenarios que merecen nuestra atención. Relevo el de la alianza que el movimiento social forje con las políticas LTGBI por el efecto naturalizante que se vislumbra en su sujeto hegemónico.

Enfatizo que no promuevo un discurso de odio hacia el movimiento LTGBI con el cual tengo vínculos políticos. Lo que intento es generar un aporte a sus procesos reflexivos y prácticas enunciando su asistencia a la preservación de diferencias. Esto sostiene la falta de solidaridad entre mujeres y lesbianas, entre lesbianas LTGBI y lesbianas que no hacen parte de estos grupos, entre huincas y mapuches, entre el movimiento social con la violencia a “lo femenino”. Con esto aludo a lo que Yuderkis Espinosa (2008) plantea citando a Victoria Sau “la inferiorización de otros individuos que no sean las mujeres(…) lleva aparejada una tarea de feminización que, además no puede ser llevada sin violencia y que pasa por colocar a los feminizados en condiciones iguales o muy semejantes a las de las mujeres…” La loca es un buen ejemplo de lo que indico, así también –siguiendo a Zarco (2009)- la feminización del indígena que el conquistador construyó en oposición a él por ser lampiño o usar el pelo largo, entre otros.

Si no se abordan estas temáticas- que transgreden el ámbito del movimiento LTGBI- lo que hacemos es favorecer la reproducción del modelo patriarcal, es decir,  el modelo que construyó las bases para que la mujer hétero blanca y burguesa se relacione desde lugares de dominancia con la indígena, con la negra, cuando -bajo imposición colonial- éstas se transformaron en las Otras de las Otras; el mismo modelo que ha llevado a que mujeres –vía acceso a derechos y siguiendo a Breny Mendoza (2010)- se transformen en torturadoras del sujeto colonizado en el medio oriente con discursos que promueven la liberación de las mujeres.

Lo descrito nos interpela respecto del pluralismo que construimos. Enuncio así la importancia del conflicto. Desde que surge el movimiento homosexual en Chile en los ’90 ha existido una tendencia a ocultarlos. Si bien hubo y existen voces lesbianas que confrontan las demandas políticas LTGBI estas no son suficientes para desestabilizar el camino trazado por el sujeto hegemónico de la diversidad sexual. Los conflictos internos entre lesbianas y gays no gestaron el cuestionamiento de la forma en que se construye la noción de ciudadanía. Así se preserva la tensión entre una sexualidad homosexual que se expresa en masculino/femenino. En el marco del género, todas sabemos lo que ello significa.

Varios de esos conflictos se desatan -en un marco de síntesis- con las denuncias del activismo lesbofeminista de los ’90. Este cuestionó  la forma vertical –que reproducía las lógicas de la política partidista patriarcal- con que se tomaban las decisiones. Quizás estas lógicas se ven modificadas con los esfuerzos por ampliar su entramado identitario, sin embargo, esto no debe negarse a ser pensado en relación a cómo es impulsado por los fondos económicos que movilizan las –muchas veces oportunistas y siempre culturalmente limitadas- agendas políticas estatales. La realización de proyectos para lesbianas en donde éstas no existen o no acceden a iguales lugares de poder me inquieta tanto como la negociación LTGBI con estados neoliberales, que han implementado una perspectiva de género que mantiene las bases de la desigualdad. Basta pensar en que muchas de las leyes que se han impulsado en el país fortalecen idearios familiares que ignoran por completo el abordaje de las relaciones de poder adscritas al género. Como plantea Sonia Álvarez esto deja de lado un aspecto central “[…] a la visión feminista sobre las causas y remedios para esta dramática y sistemática violación de derechos humanos de las mujeres” Cabe plantear que para esta noción de “mujer” también aplica lo indicado sobre selección cultural de la imagen.

Vuelvo entonces a la importancia del conflicto. Si no existe hay que dudar, pues puede ser que se haya instalado la dictadura de un sentido común que excluye a toda aquella que se transforme en disidencia. Lo veo en la relación del estado chileno con las indígenas, lo percibo en  la relación LTGBI con el estado chileno. Si bien se le confronta,  lo indicado llega bajo los sesgos de debates aún no realizados. Las lesbianas a lo largo de LAC han promovido el cuestionamiento a la heterosexualidad obligatoria, han puesto en la mesa de la diversidad sexual el feminismo, han aportado a la lucha en contra del antirracismo, antisexismo,  anticapitalismo. Su ruptura con el espacio LTGBI, debilita la presencia de dichas temáticas. Esto facilita la instalación del homogéneo discurso de la igualdad que crea un nosotros iguales y mantiene la exclusión de la diferencia del ellas/lo femenino.

Dicha ausencia –asumo la reiteración- se basa en conflictos que no se han desarrollado en espacios que provean de una posibilidad democrática de enunciación. Siguiendo a Chantal Mouffe- el conflicto se gesta por oposiciones, por antagonismos entre las partes. Es “lo político” eso que nos mueve, que nos moviliza, que se transforma en demanda. Sin conflicto enunciado –agrego- lo que tenemos es política tradicional, representación en crisis, universalidad del sujeto, preservación de la violencia.

Asumir la importancia de “lo político” debe comprender que los conflictos deben ser estimulados –tomo posición- para facilitar una ciudadanía que no reproduzca la violencia que cuestionamos. Los modelos que utilizamos para solucionarlos deben ser mirados y pensados en función de radicalizar la posibilidad de concretar el pluralismo y con ello los principios de libertad e igualdad. Democratizar los espacios para que estos se enuncien es un paso elemental de un proceso de transformación. La historia política lesbiana ha sido habitada por diversos conflictos que también incluyen las relaciones políticas entre nosotras. Lo planteo, para evitar promover una idea victimizante o un ideal romántico de la política lesbiana y para destacar que el conflicto siempre estará presente en nuestras relaciones. De ahí la importancia de pensar en él.

Superar los conflictos que detonan “lo político”, más que nada alude a la superación de la injusticia. No tiene que ver con que todas seamos amigas, sí con el seguir transitando hacia lugares en donde la convergencia, la coalición sea un espacio que considerando las distintas posiciones de las sujetos valore la divergencia y en función de ésta amplíe los alcances de la transformación que promovemos. Esta divergencia me hace pensar en los distintos sistemas de subordinación que nos atraviesan. Desde aquí impulsaré la última parte de mi intervención.

Lo indicado a la fecha se sostiene –planteo- en un debilitado análisis que articule raza, clase, género, para desmantelar las estructuras de poder que afirman las relaciones de dominación/subordinación. Así someramente y a modo de ejemplo, el matrimonio homosexual se transforma en género sin vincularlo a la relación de una clase que desea defender su “capital” patrimonial y sin cuestionar que esto no cambia la ubicación de menoscabo de mujeres, negras o indígenas cuyos patrimonios se constituyen desde la violencia genérica.

Lo anterior enuncia la importancia de conectar los distintos sistemas de subordinación de los cuales somos objeto, para cuestionar el pensamiento único y con ello la racialización y sexualización del trabajo, la heterosexualidad obligatoria, el género.

Bajo esta lógica rescato los debates latinoamericanos en torno a un patrón de poder mundial que se implanta asido a la instalación del capitalismo y a la construcción del género y la raza allí donde antes no existió. María Lugones (2008) describe que antes de la llegada de los españoles existían grupos en donde la mujer y el hombre ocupaban iguales lugares de poder, describe –basada en los estudios de Paula Gunn Allen- la presencia de grupos organizados ginecráticamente, es decir, con base en el poder de la mujer. Así también expone como muchos grupos valoraban lo que hoy conocemos como “homosexualidad”

Lo que llamaré la invención de la sexualidad americana emerge en la actuancia conjunta de estrategias que construyeron el género y raza para asegurar la adecuada implantación del modelo capitalista a nivel mundial. La separación de estas categorías – género, raza, clase- en los análisis entonces sesgan y/o  minimizan los impactos de las luchas transformatorias. Si sólo lucho por “género” –concepto además neutralizado por las maquinarias estatales como someramente mencioné- la lucha es incompleta e invisibiliza, a modo de ejemplo, la hegemonía de la raza del hombre blanco que late en la masculinidad hegemónica y que delimitan en el marco de una democracia sexual nuevas formas de comprender al sujeto, ¡que no son nuevas!, pues resguardan las mismas estructuras de poder. Basta recordar la “generosa” apertura chilena a la diversidad sexual –siguiendo a Leticia Sabsay (2011)- en medio de la rotunda negación a legislar en torno al aborto.

Así planteo que  las lesbianas nos transformamos en sujetas al servicio de las políticas de la diversidad sexual (género),  liberadas por el nicho comercial que nos inscribe en la marquesina neoliberal (clase), y bajo lo indicado en objeto de un proceso de racialización sexual que nos construye en inferioridad respecto del sujeto hegemónico gay. Rescato entonces el concepto de interseccionalidad como inicio de un proceso de radicalización del pluralismo. Siguiendo a la lesbofeminista negra Ochy Curiel, este “busca capturar las consecuencias estructurales y las dinámicas de interacción entre dos o más ejes de subordinación. Trata de las formas en que el racismo, el patriarcado y la opresión de clase y otros sistemas discriminatorios crean desigualdades básicas que estructuran las posiciones relativas de mujeres, razas, étnicas, de clases y otras”

Así me atrevo a reforzar algunas ideas que se desprenden -no en orden de aparición- de lo que leí y que configuran un primer paso en la concreción de lo que las Ideas sin Género, llamamos -hasta el momento- ciudadanía pluralista radical. Esta debe:

  • Aplicar enfoque interseccional en los análisis, de tal manera que se rompa con la practica de separar categorialmente variables de opresión que actúan al mismo tiempo sobre las personas;
  • Asumir la importancia de comprender los procesos de construcción de diferencias, lo que implica una vuelta al contexto colonial latinoamericano para comprender los alcances de su expresión en la actualidad;
  • Trasgredir, basada en el punto anterior, la focalización de nuestras demandas políticas del ámbito de las consecuencias para incorporar las causas estructurales que les sostienen y preservan;
  • Asumir los conocimientos construidos por los distintos entramados políticos latinoamericanos, sobre todo de aquellos ocultos, que no surgen y/o fortalecen sus prácticas al alero de la maquinaria tecnocrática estatal;
  • Comprender el carácter de permanente construcción de la noción de ciudadanía para valorar  la emergencia de los conflictos que se suscitan al respecto;
  • Asumir que el  conflicto –“lo político”- siempre estará presente gestando antagonismos vía exclusión de otra. De allí la importancia de democratizar –como primer paso- los espacios políticos en donde se enuncian las relaciones antagónicas;
  • Imaginar nuevas formas de institucionalidad que –considerando lo indicado- superen la focalización en el estatus legal de los derechos, que alienten la enunciación de los conflictos, nuevas formas de participación para vitalizar el tránsito democrático de “lo político” y así la solidaridad entre nuestras luchas.

Un proceso de construcción de diferencias en Latinoamérica y El caribe produjo la clase, la raza, el género excluyendo a diversos grupos humanos del ejercicio del poder. Para agotar sus injustos impactos debemos transitar caminos que nos permitan desmantelar el poder que las sostiene. El intento particular de las Ideas sin Género es lo que les he compartido en este Seminario.

Bibliografía

Álvarez Sonia (sin fecha) “El Estado del Movimiento y el Movimiento en el Estado. Disponible en: http://agendadelasmujeres.com.ar/notadesplegada.php?id=1313

Bellucci Mabel / Rapisardi Flavio (2001). “Alrededor de la identidad. Las luchas políticas del presente”. Buenos Aires, Nueva Sociedad Nº 162 pp.41-53

Curiel Ochy (sin fecha) Síntesis y Traducción en castellano del documento para el encuentro de especialistas en aspectos sobre discriminación racial relativos al género de Kimberlé Crenshaw. Universidad de Claifornia, Los Ängeles. Curso “Racismo y articulaciones de género, clase y sexualidad” Grupo Latinaomericano de Estudio, Formación y Acción Feminista-GLEFAS

Espinosa Yuderkis (2008) “Escritos de una lesbiana oscura”. Buenos Aires Edit. En La Frontera.

Fraser Nancy (1997) “Iustitia interrupta: reflexiones críticas desde la posición “postsocialista” Santiago de Chile, Edit. Siglo del Hombre Universidad de los Andes

Lugones, María (2008) “Colonialidad y género”. Bogotá, Colombia Tabula Rasa, Núm. 9, julio-diciembre, 2008, pp. 73-101 Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca

Mendoza Breny (2010) Aproximaciones críticas a las prácticas teórico-políticas del feminismo latinoamericano. Vol. 1  Yuderkys Espinosa Miñoso (coord.). Buenos Aires, En la frontera.

Mogrovejo Norma (2000) “Un amor que se atrevió a decir su nombre. La lucha de las lesbianas y su relación con los movimientos Homosexual y Feminista en América Latina” España, Plaza y Valdés.

Mouffe Chantal (1996) “El retorno de lo político. Comunidad, ciudadanía, pluralismo, democracia radical”. Barcelona, Editorial Paidós.

Sabsay Leticia (2011) “Fronteras Sexuales. Espacio urbano, cuerpo y ciudadanía” Buenos Aires, Editorial Paidos.

Zarco Fernando (2009) “Masculinidad y Homoerotismo desde el pensamiento decolonial” Universidad Autónoma de Barcelona


[1] Producido por Toli Hernández

[2] http://lamansaguman.cl/2012/07/daniel-zamudio-y-valeska-salazar-cruces-silencios-masculinidad/

Experiencias tortilleras en educación

Publicado por ideassingenero el agosto 20, 2012
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Lámina utilizada en los talleres

(Este es la historia que abrirá el set de de historias de las prácticas pedagógicas realizadas por las profes  lesbianas que participaron el taller que hicimos pa profes lesbianas. El trabajo será muy interesante, pues recopila actividades que apoyan la labor de cualquier docente ocupada por estos temas. Este es otro trabajo autogestionado por las Ideas sin Género, que sus objetivos funcionen depende de la difusión con que las redes nos apoyen. Ya enviaremos toditito el material!)

Hace unas semanas, mientras en Santiago se realizaba la Marcha de la Igualdad, con las Ideas sin Género una colectiva lesbofeminista, efectuábamos un taller con profesoras lesbianas. Fue un acto simbólico, una respuesta a esa acampada callejera masiva. Difundimos una lámina en ese momento: “Nuestra diferencia tiene un conflicto con tu Igualdad” y con ese mensaje entre ceja y ceja nos fuimos a hacer el taller, que relacionó la igualdad con la construcción de normalidad en el espacio educativo.

Queríamos ver qué podíamos hacer las profes. Para ello, entre otras, caracterizamos la sexualidad que se enseña en los colegios –reproductiva, preventiva- y describimos la construcción homogénea –la del “todos” somos Iguales- de la realidad. “En la escuela aprendimos que quien es normal es de una sola forma” -explicábamos. ¡Sí!- decía una profe. Basta mirar los textos de estudio pa’ ver la persona que acepta la sociedad: blanca, heterosexual, clase media –esto último lo agregaríamos nosotras. ¡Claro!- señalaba otra profe.  “Así las pobres, las indígenas, las lesbianas no existimos”.

Imaginen a una persona homosexual. ¿Cómo está vestida? ¿Cómo es? –las interrogamos. ¿Era gorda, vivía con VIH, era travesti, era negra? – les volvimos a preguntar.

Las caras de las profes fueron de sorpresa, como casi siempre ocurre, pues pese a que existía un proceso de reflexión sobre este tema, “la imagen –dijo una profe- que se vino a mi cabeza fue una que está a disposición, una que se ha normalizado y que seguramente –terminó por decir- es la más aceptada por la sociedad. ¡Totalmente de acuerdo!- dijo otra profe. “Pese a que intenté imaginar un tipo de homosexual –nos contaba- lo que apareció en mi mente fue un tipo gay parecido a los que aparecen en la tele –sonreímos todas- ¡que desplazó a la lesbiana que quise imaginar ¡Ni yo me pude ver! -finalizó.

Fue fácil desde allí pensar en cómo la heterosexualidad es un modelo tan “fuerte”- decían las profes- que quienes son homosexuales asumen naturalmente todos sus mandatos. Ellas mismas mencionaron algunos: formar familia, casarse, tener hijas. “Están en su derecho”-dijimos nosotras. “El problema es que impongan modelos, como el matrimonio por ejemplo, para adquirir derechos que deberían ser de  todas las personas, sin cuestionar siquiera la desigualdad que implican. Esto hace correr el riesgo de reproducir la desigualdad de ese modelo”-puntualizábamos. En ese momento no teníamos idea dela presencia del ministro de educación (Beyer) en la marcha, ¡que es tan buen ejemplo! para lo que les decíamos.

“¿Saben que existe subrepresentatividad lesbiana en esas organizaciones? Una que otra son las que existen, en lugares de poca importancia pa’ tomar decisiones” –les contamos. Recorrimos el caso Zamudio, esta marcha y otras más y no apareció ninguna lesbiana. Dos problemas pusimos a discusión. El primero es que sin lesbianas, bisexuales, sin travestis, hablen como si las representaran. El segundo es que esta ausencia (recorrimos algunos de los éxodos que se han producido en la historia homosexual chilena) ha dejado claro que la sexualidad LTGBI no es neutra, tiene género, raza y clase. Pa’ nosotras, el lesbofeminismo debe hacerse cargo de estas cosas –expresamos- pues la tensión entre homosexualidad femenina y masculina, informa que no existen cambios radicales. ¡No pueden haberlos si el poder asociado al género, la clase, la raza se mantiene en el mismo lugar!

¿Qué hacemos? –les preguntamos a las profes.

Después de un breve silencio, las respuestas emergieron. “De partida- dijo una profe bien masculina- hablemos de la diferencia, pongámosla en nuestras clases. Yo soy bien masculina -dijo- como no hablo de la diferencia que yo misma marco con mi cuerpo, estoy desaprovechando una oportunidad para desarmar la construcción de normalidad y así me oculto, porque las profes en mi colegio tienen un estilo que las igualiza, o sea, nadie apuesta por mi poca femineidad (…) Incluso el ser lesbiana debe pensar en las diferencias que tenemos entre una como yo y otra que se parece a las profes que hacen clases en mi colegio” ¡Sí¡-asentían las demás emocionadas. Una de estas -que repasaba los apuntes de Deborah Britzman que les habíamos preparado- agregó:

“Podríamos pensar en todas las cosas que nos dice Britzman y otras autoras sobre no apoyar que la niña lesbiana sea asumida como “caso” en el colegio, pues esto sólo representa la exclusión a quien no es igual y rompe con la normalidad. Tenemos que tocar estos temas y usar material para la no discriminación.  ¡Pero! –añadió- sabemos que eso no es suficiente. Por eso,  estoy con la colega, pues mientras no pongamos nuestra propia sexualidad en juego poco cambiará, porque tocaremos las cosas como si a nosotras no nos tocaran y así es difícil que se entienda que la sexualidad es un tema que reprime a todo el mundo, no sólo a las lesbianas”

Se fue configurando un acuerdo grupal sobre cómo nuestra sexualidad ayudaría a desarmar la normalidad que produce la educación. Esta, que afirma la indolencia social frente a la violencia que afecta  a mujeres,  lesbianas, tortilleras, camionas, nos transforma en iguales cuando no lo somos. No es igual la experiencia de una lesbiana –concluíamos- blanca, hétero, clase media a la de una que tiene ascendencia indígena y vive en población. Ese día nos despedimos con un intenso abrazo cómplice. Ajenas a la igualdad marica que se tomó las calles santiaguinas, nosotras nos íbamos con una desafiante tarea: Hacer la diferencia.

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